¿Qué pasa con nuestra juventud?

Hits: 469

Un lamento que se oye a menudo hoy es “mis hijos no les interesa el Movimiento”, e incluso algunos van más allá señalando; “han perdido la fe”.La situación no deja de ser preocupante ya que marca la proyección de nuestra familia de Schoenstatt y por lo mismo se hace necesario preguntarnos que puede estar sucediendo.

| Patricio Young Patricio Young

Al asistir al mes de María en el Santuario Cenáculo de Fundación, a las 7 de la mañana, me sorprendió la casi nula presencia de jóvenes. Esta celebración fue originalmente desarrollada por la juventud que se comprometía con entregar las primeras horas del día a la Mater en su mes y siempre su presencia ha sido muy relevante.

Vino también a mi memoria otra importante celebración en el Santuario de Los Pinos donde su presencia era escasa, espacio donde tiempo atrás había tantos que motivó incluso la construcción de una casa solo para ellos. Recordé conversaciones con miembros de nuestra familia de otras regiones que se lamentaban por esta misma falta de jóvenes.

Un lamento que se escucha mucho es; “mis hijos no les interesa el Movimiento”, e incluso algunos van más allá señalando; “han perdido la fe”.

La situación no deja de ser preocupante ya que marca la proyección de nuestra familia de Schoenstatt y por lo mismo se hace necesario preguntarnos que puede estar sucediendo.

Como no hay un serio estudio que pueda relevar las verdaderas razones, solo nos queda en levantar algunas hipótesis y quizás usted lector pueda agregar otras en los comentarios de esta columna.

A mi parecer hay dos aspectos que me parecen claves.

El primero. Inevitablemente en el análisis uno se pregunta qué fue lo que me motivó cuando joven (14 años) a entregar mi vida a Schoenstatt. Sin lugar a dudas; el comprometerme en un desafío de transformar el mundo. Sí, en una visión integral y en Cristo, no solo política como eran las opciones de mi tiempo.

Lamentablemente, se ha perdido nuestro sentido de misión, razón que motiva a los jóvenes para comprometerse y entregarse.

Es cierto, nos hemos aburguesado, instalado en una zona de confort y con ello hemos perdido la fuerza y con ello el atractivo para la juventud.Valga recordar que nuestro padre nunca se instaló, siempre estuvo enfrentado a diferentes luchas y desafíos. Por ello nunca dejó de tener un alma joven. Él siempre nos recordaba que Schoenstatt es hijo de la guerra.

Con esa sabiduría profética señalaba en 1966 en los Ejercicios para el Instituto de los Sacerdotes de Schoenstatt y referido a la realidad de nuestra Iglesia:“Paso a expresarlo de una manera más tajante y clara: a la larga, en la Iglesia sedentaria, la fe se hará raquítica. La feauténtica y sobrenatural acabará raquítica. ¿Por qué? Por la vida aburguesada, por una religiosidad aburguesada”

El Padre Menningen señaló en relación al Movimiento Popular y Peregrino de Schoenstatt:

 “Hay un peligro que amenazará siempre a Schoenstatt: una postura elitista, que transforma nuestras comunidades de dirigentes y de militantes en núcleos selectivos y autorreferentes. En la práctica, esto significa hacer del MPP un cuerpo anémico e intrascendente”. (Padre Joaquín Alliende, “Horizonte a la vista”, Schoenstatt Vivo 12/4/2014).

Los anhelos del padre eran grandes y los desafíos mayores, que con el tiempo se han ido licuando. Ya en el ocaso de su vida señalaba “¿Qué es lo que queremos? Ser directivos en la sociedad, en la política, en la economía. Por todas partes debemos tener personas que pongan allí la mano en el remo…. Más precisamente: esta transformación del mundo, el mundo que tiene que cambiar, que es el programa que Marx dio a los suyos, no la queremos dejar en manos de otros para después, con pena y esfuerzo, correr tras ellos con el agua bautismal. No. ¿Qué debemos hacer, qué es lo que queremos? Dar nosotros mismos una nueva faz al mundo.” (PK Retiro Padres de Schoenstatt – 1967)

En efecto, el padre consideró a Schoenstatt una respuesta frente al Marxismo y al Capitalismo, basado en la Doctrina Social de la Iglesia. Nada menos y nada más.

En el citado Retiro parece que el padre nos estuviese hablando hoy a nosotros: “Sin duda, y esto tenemos que reconocerlo plenamente, nos hemos compenetrado demasiado poco de estas metas. Mantengamos esto fuertemente: si queremos llegar a ser hombres del más allá en el sentido del tiempo actual, entonces se trata de ser no solamente apasionados por Dios sino también apasionados por el hombre. Se trata, por tanto, no sólo de hacer que los hombres se sientan en casa en el cielo, es decir, en el mundo del más allá, sino también de impulsarlos a forjar una nueva creación, un nuevo orden social, a gestar un nuevo orden social que solucione  los  grandes  problemas  económicos  y políticos  que  afectan  a  los desheredados de todos los países, especialmente en Sudamérica”. (PK. Retiro Padres de Schoenstatt – 1967).

Si miramos la realidad actual de nuestro país, donde son los jóvenes que asumen desafíos transformadores de la política, nos indica que estos anhelos son los que mueven, los que convocan y comprometen su vida. Con nuestro sedentarismo y los ideales algo licuados perdemos nuestro atractivo.

El segundo aspecto dice relación con la realidad que vive nuestra juventud hoy tan alejada de nuestros paradigmas, sobre todo en relación a la vida en pareja.

Es muy común escuchar al interior de nuestra familia de padres que cuentan que su hija o hijo se fue a vivir con su polola o viajaron por algún tiempo a algún lugar del mundo solos. Lo expresan como queja y con dolor. Pero pasa en casi todas las familias schoenstatianas o de Iglesia.

Muchas veces ese mismo joven estuvo en la rama femenina o masculina y se le habló de la importancia de llegar virgen al matrimonio. Incluso en la juventud femenina permanentemente se le inculca a las jóvenes que deben vivir en la pureza y virginidad de nuestra Mater, olvidando que solo ella está llena de gracias y el Señor vivía en ella y que hay distintas formas de pureza. Ideales imposibles de alcanzar.

Naturalmente todo esto está muy lejos de los jóvenes de hoy incluso los que se formaron alguna vez en nuestra familia. ¿significa que debemos claudicar a nuestros principios? En ningún caso, sino que implica cambiar los paradigmas formativos con que se trabaja actualmente con ellos.

Por una parte, debemos mostrar una fe seductora, atractiva que te hace feliz y no una que prescribe normas que se concentra en prejuicios, que presenta ideales imposibles.

El Papa Francisco en Evangelii Gaudium nos dice claramente que la realidad es más importante que la idea. En el número 231 señala“Existe también una tensión bipolar entre la idea y la realidad. La realidad simplemente es, la idea se elabora. Entre las dos se debe instaurar un diálogo constante, evitando que la idea termine separándose de la realidad. Es peligroso vivir en el reino de la sola palabra, de la imagen, del sofisma. De ahí que haya que postular un tercer principio: la realidad es superior a la idea. Esto supone evitar distintas formas de ocultar la realidad: los purismos angélicos, los totalitarismos de lo relativo, los nominalismos declaracionistas, los proyectos más formales que reales, los fundamentalismos ahistóricos, los eticismos sin bondad, los intelectualismos sin sabiduría”.

Este es el mayor desafío para la Central de Asesores. Se requiere un Schoenstatt que desde la realidad busca evangelizar, evitando los purismos angelicales o absolutizando lo relativo. Necesitamos un Movimiento misericordioso y alejado del moralismo sexual en la que se ha centrado nuestra Iglesia y por la misma que Dios la ha puesto a prueba. No es negar a los principios, es gestarlos y hacerlos crecer desde la realidad misma.

Si esta juventud es cuestionada por vivir en pareja sin estar en matrimonio, no solo nos aleja de los jóvenes de hoy, sino que mañana aun cuando se casen, verán lejana su opción de incorporarse a Schoenstatt porque considerarán que no son dignos de éste.El profundizar en esta realidad nos llevará a comprender y valorar la realidad que ellos viven.

Si no entramos a dialogar y comprender sin prejuicios, nos alejaremos cada día más y se nos hará más difícil contar con matrimonios jóvenes.

A modo de ejemplo. Un muy antiguo matrimonio de nuestro movimiento y de gran trayectoria me contaban que una hija convivió por mucho tiempo con un joven ateo que cuestionaba totalmente a la Iglesia. Era una persona muy valiosa, pero a quién su padre lo abandonó cuando era chico por lo que no tenía una experiencia del matrimonio. Cuando se le consultaba señalaba que el matrimonio era para él una caja vacía. La experiencia de conocer a esta familia lo llevó poco a poco, en sus palabras, a llenar esa caja. Un día inesperado los sorprende al pedirle matrimonio. Se realiza el mismo en su forma civil y le piden a su padre que les dé una bendición. Fue un momento de cielo para ellos.

Al poco tiempo invitaron a un sacerdote de nuestra familia a su casa a comer. Lo primero que le dice a ella, que había sido dirigente de la juventud; “tu sabes que no estás en gracia” ¡Imagínense el golpe!

Con una opinión tan inoportuna y una eclesiología tan anquilosada, anteponiendo la doctrina sobre una realidad que no conocía, no llegamos a ninguna parte. Cuando no se entiende que el Concilio Vaticano II permite a un laico en algunas circunstancias, por el carácter sacerdotal que le otorga el bautismo, ser testigo calificado de un matrimonio, dado que los verdaderos y únicos ministros son los contrayentes que se dan el sí ante Dios y la comunidad, no valorando la vivido, aun cuando no haya sido bendecido por un sacerdote y desincentiva el protocolizarlo en algún momento futuro. Prefiere ir a la ortodoxia de las normas, como si Dios no hubiese estado en ese sí que se dieron y no lo bendijera desde lo alto.

Necesitamos una nueva mirada, la que nos ha enseñado el Papa Francisco que no se queda en las normas, sino en la vida.

Schoenstatt, un movimiento de desafíos, hijo de la guerra, tiene hoy que asumir uno de gran envergadura que compromete nuestro futuro. Pidamos a nuestro padre y nuestra Mater que nos ayude a encontrar el camino correcto.

Comentarios
Total comentarios: 5
14/12/2017 - 02:17:05  
Muy acertado diagnostico.Ya lo dados han sido echados. Ahora comienza el tratamiento. Conozco de interesantes repuntes de solución.Se llama dialogo al interior de la familia Con un lenguaje franco y honesto hablar de sexo, de responsabilidad y de sentido de la vida. dialogo que no condena sino que nuestra opciones. Debemos imitar al Padre Dios que es paciente y misericordioso...y deja cometer errores.Triste el ejemplo del padrecito que condena.Que tire la primera piedra
El otro elemento se llama capital de gracias.
Bendiciones..

John Hitchman
China
13/12/2017 - 00:22:24  
Los dados han sido echados.La pastoral de Igesia es clara. La dificultad está en querer usar el molde antiguo recetario y no aceptar que cada caso es único y requiere un acompañamiento pastoral que inspire el Espíritu.Es una nueva forma que debemos ofrecer a los jóvenes : protagonista providenciales de sus vidas. Ello requiere un nuevo clero que se gestara en los próximos 25 años.
Capital de Gracias autentico y celebrar la Proviencia.

John Hitchman
China
11/12/2017 - 16:41:54  
Querido Pato, estoy muy de acuerdo con tu planteamiento inicial del problema. En la segunda parte creo que hay que trabajarla más. A mi juicio algo clave que no se ha abordado todavía es en la necesidad de cambiar el sistema de educación de los hijos. Esto se hace cada día más necesario.Un abrazo P. Rafael

p. Rafael fetnandez
Chile
09/12/2017 - 13:43:46  
Excelente columna Patricio.
Creo que es un gran desafío que tenemos que abordar como Familia de Schoensttat.
El Papa ya dio un paso con el Sínodo de la juventud.
Quizás, como movimiento, a la luz de las conclusiones de ese Sinodo también elaborar una hoja de ruta que nos permita orientar a todos los integrantes de nuestras familias a ese objetivo.
Te felicito nuevamente porque el tema hay que abordarlo ya!!!

Veronica
Santuario Cenáculo de Funfacion
09/12/2017 - 13:39:01  
Un muy claro y actual enfoque de una realidad que hoy vive toda sociedad occidental. Claramente las prioridades han cambiado y los valores han migrado a los cambios vertiginosos de estas últimas décadas que a quienes venimos con formación valórica y experiencias de fé formadas en el hogar, nos resultan dolorosas e incomprensibles.
Buen artículo y que nos acerca y obliga a revisarnos, para intentar ser actores y no espectadores

Patricio Mora
Viña
Nombre:   Procedencia:
Comentario:
Código de seguridad:   captcha
Caracteres restantes: 1000